miércoles, 9 de septiembre de 2009

Phishing de pata negra

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en septiembre de 2009
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Aviso a Navegantes. Estos últimos días se está produciendo una oleada de correos electrónicos conteniendo la conocida estafa del phishing, pero con una variante realmente peligrosa. Si no fuera porque los autores son unos chorizos de mucho cuidado, habría para felicitarlos por su ingenio, porque lo cierto es que han dado una vuelta más de tuerca a este tipo de estafas en las que parecía que ya estaba todo inventado, y lo han hecho de forma muy hábil e inteligente. Ruego a mis queridos reincidentes que presten atención a este artículo, pues es tal la destreza que han empleado los cibermanguis en el desarrollo de esta nueva modalidad de estafa, que es relativamente sencillo picar en el anzuelo, incluso para aquellos que ya conozcan el clásico timo del phishing y tengan claro que jamás se deben facilitar por ningún medio sus datos bancarios confidenciales.

Como ya saben ustedes el phishing consiste, grosso modo, en remitir correos electrónicos simulando provenir de su entidad bancaria, donde le solicitan la confirmación de sus datos bancarios -casi siempre el número de su tarjeta de crédito y su correspondiente número PIN- incluyendo en el correo un enlace a una copia exacta de la apariencia de la web de su banco o caja de ahorros, donde el timado introduce de buena fe sus datos que, de inmediato, pasan a mano de los estafadores que luego los utilizan para hacer compras, principalmente por Internet, que le cargarán a su cuenta hasta que usted se aperciba de ello y cancele la tarjeta o hasta que se la dejen a cero. Lo que suceda antes.

¿Qué problema presenta el phishing a los estafadores últimamente? Pues que los medios de comunicación – incluso más que los bancos y cajas que debieran ser los primeros interesados- se han hartado de describir este timo y de prevenir al público sobre esta práctica fraudulenta, de manera que ya casi nadie caía en el timo. Algunos malos, poco avispados, pasaron a sustituir los correos que simulaban provenir de bancos y cajas por un e-mail que parecían proceder de la Agencia Tributaria, pero la filosofía del timo era básicamente la misma, pedirle a usted que les facilitara los datos de su tarjeta; y usted, mi querido reincidente, advertido por un servidor hasta la saciedad en numerosos artículos sobre diversas nuevas modalidades de estafas, ya no se fía ni de Hacienda desde el momento en que le piden el número de la tarjeta, de manera que los malos no se comían un colín con este tipo de timos y diseñaron esta ingeniosa variante que ya ha hecho picar a navegantes que jamás hubiesen caído en un phishing vulgar. Les cuento.

Usted recibe un e-mail de Correos diciéndole que tiene un telegrama on line, y en el propio e-mail tiene el enlace que le lleva a la presunta página de Correos. En esa página, con los logos de Correos perfectamente reproducidos, aparece un botoncito que le indica algo así como “pulse aquí para leer el telegrama”. Cuando usted pulsa, el navegador le avisa de que necesita instalar un “plugin” o complemento para visualizar correctamente la página. Cualquiera que se mueva mínimamente por Internet sabe que resulta muy habitual que los proveedores de software informático actualicen sus complementos para navegar, de manera que todos nosotros hemos instalado mil veces “plugin” de Flash, de Adobe, Quick Time, o actualizaciones de Firefox, Internet Explorer etc… que periódicamente lanzan nuevas versiones de sus programas o complementos.

Y es entonces, cuando usted actualiza el “plugin”, como ha hecho anteriormente cientos de veces de manera rutinaria, se le instala un programita muy cabroncete que es el que luego va a servir a los malos para limpiarle la cuenta, pero eso vendrá más adelante, ahora está usted en la (presunta) página de Correos, intentando leer un telegrama que al final , o bien no llegará a leer porque el explorador le marcará un error y usted desistirá, o bien le aparecerá un telegrama del tipo “Gracias por todo, Wenceslao. Firmado Juan Pérez”. Usted, que no se llama Wenceslao, se imagina que se trata de una confusión del tal Juan Pérez, cierra el navegador, quizás piense que está muy bien eso de los telegramas on line, o quizás se pregunte de dónde narices habrá sacado Correos su dirección electrónica, pero, sea como fuere, eso ya es lo de menos, porque cuando usted instaló el complemento para su navegador, lo que en realidad hizo fue instalar un programa de suplantación bancaria bastante logrado. Si tienen el interés y la paciencia necesarias, les cuento brevemente cómo funciona.

Ese programilla permanecerá vigilante a que usted, dentro de diez minutos o dentro de diez días, acceda a la página de Internet de su Banco y, cuando lo haga, éste se le adelantará a su banco y le plantará ante sus ojos una copia exacta, exactísima en algunos casos, de la web de su entidad y se quedará con sus códigos de acceso a la página, con los cuales el malo podría, por poner un ejemplo, transferir mil trescientos siete euros a cualquier otra cuenta hoy, setecientos quince a otra pasado mañana, etc... Usted no accederá ese día a sus cuentas, el navegador le avisará de un error –recuerde que en realidad no está en la página real de su banco, sino en una clonada alojada en otro servidor- pero no le dará importancia porque probablemente le haya sucedido otras ocasiones, y no es que no vaya a sospechar nada, que tampoco, es que no se va a dar ni cuenta. Porque ha sido usted mismo el que ha abierto la página de su banco desde su propio navegador como ha hecho siempre, quizás tres días o tres semanas después de abrir aquel e-mail de Correos que ya ni recuerda.

La versión del programa cabroncete que un servidor ha visto contiene réplicas de las web del BBVA, de La Caixa y de Caixa Catalunya, de manera que todo aquel que haya instalado ese programa y haya intentado a acceder a sus cuentas, bien sea tecleando la página, ya sea recuperándolas desde los favoritos de su navegador, le ha regalado a los malos los datos que les permiten limpiarles la cuenta. Es de esperar que en las próximas versiones de ese programa amplíen el número de bancos a los que les han clonado la página, y que no sólo simulen provenir de Correos, sino que procederán de cualquier remitente desconocido que desde el mensaje le sugiera visitar una página web mediante un enlace insertado dentro del mismo cuerpo del e-mail.

¿Cómo evitar este timo? Es sencillo.

1) No abriendo enlaces que lleven a páginas de Internet desde el propio mensaje de correo electrónico cuando éste provenga de un desconocido. Recuerde que ya no sólo nos debe resultar sospechoso un e-mail que nos solicite datos bancarios. Cualquier mail que contenga un enlace a una página de Internet puede intentar colarnos el programilla. No sería mala práctica acostumbrarse, por sistema, a acceder siempre a las páginas de Internet desde el propio navegador y no hacerlo desde los enlaces que nos puedan aparecer en el interior de un mensaje de correo electrónico.

2) Sólo instale un “plugin” o complemento en páginas conocidas y de confianza. No sería una buena idea instalar el plugin que les solicite la página www.tiasbuenas.sat, en cambio, no sería peligroso si el navegador se lo solicita cuando usted se encuentre navegando por www.lavanguardia.es.

3) Es importantísimo contar con un antivirus de confianza y mantenerlo correctamente actualizado. Los antivirus más utilizados ya disponen de las actualizaciones que les permiten detectar ese “plugin” como un programa malicioso.

En cualquier caso, aunque tenga usted el mejor antivirus del mundo mundial y sus alrededores, sea cauto cuando navegue por páginas desconocidas y cuando reciba correos de remitentes que no conoce. Recuerde que los malos, también en Internet, van siempre un paso por delante.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Operación Pandemia

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en septiembre de 2009
Ha llegado hasta quien les escribe un documental, producido por un tal Julián Alterini, realizador de televisión argentino, que viene a confirmar lo que seguro que muchos de mis queridos reincidentes ya habían intuido: que en todo esto de la Gripe A hay algo que expele cierto tufillo extraño, que el gran público tiene muchas preguntas y pocas son las respuestas que desde los medios convencionales nos remiten y, especialmente, la duda de que si, detrás de todo este embrollo, no existen intereses que van más allá de la lógica preocupación de las autoridades por la salud de la población.

El documental, producido exclusivamente para su difusión por Internet, recoge datos, fuentes oficiales y estadísticas que, como mínimo, siembran nuevamente la duda sobre si es cierto todo lo que nos cuentan y, sobre todo, si la histeria colectiva que se está padeciendo está realmente justificada. Si mis queridos reincidentes me lo permiten, la columna de esta semana va a hacerse eco de lo expuesto en ese documental y va a transmitirles y comentarles esos datos.

Se remonta el autor al mes de mayo de 1997, cuando por primera vez se tiene noticia de la existencia del virus H5N1, más conocido como el virus de la gripe aviar. Se desplaza el documental hasta diciembre de ese mismo año, cuando se detectaron 18 casos de la gripe aviar y las primeras 6 víctimas mortales. Durante casi cinco años, se habla poco o nada del tema, hasta febrero de 2003, cuando en Hong Kong se detecta otro foco de gripe aviar, con dos personas infectadas y un muerto, éste contagiado por contacto directo con aves. Sigue sin pasar nada… hasta el cabo de más de dos años cuando a mediados de 2005 empiezan a aparecer casos de gripe aviar en el noreste de China y en el este de Rusia. La cosa se empieza a animar, pero ruego a mis queridos reincidentes que retengan estas fechas. Luego les cuento por qué.

Septiembre de 2005. La OMS, desde Ginebra, Suiza, emite una alerta en la que advierte que el número de casos de muertes por gripe aviar podría llegar a los siete millones cuatrocientas mil personas. Empieza el susto y la histeria colectiva, máxime cuando en Londres se detecta el virus en un loro, animalico...

Las autoridades, siempre atentas al bienestar y la salud del ciudadano, se ponen las pilas. Mr. Bush, gran humanista como ustedes saben, se desplaza al National Institute of Health y, tras entrevistarse con sus responsables, vaticina que dos millones de americanos podrían morir víctimas de la gripe del pollo. A la gente ya no le llega la camisa al cuerpo y, para acabarlo de arreglar, la OMS advierte, meses después, de una probable transmisión entre humanos del virus en Sumatra, donde se registran 8 casos nuevos pero, gracias a Dios, ninguna víctima. En España se está medio tranquilo hasta poco después, cuando aparece la primera ave infectada.

Recordarán mis queridos reincidentes las imágenes de histeria colectiva de entonces, cuando se fumigaba a la gente en los aeropuertos, o cómo las ventas de pollo caían por debajo del subsuelo y de qué manera se sacrificaban pollos, patos, y todo bicho con pico y con alas.

Si damos un salto en el tiempo y nos plantamos en el mes de junio de 2009 nos preguntamos qué fue de aquella horrible pandemia que amenazaba a 14 millones y medio de personas en todo el mundo según la OMS o a dos millones en los EUA según el humanista Bush, que poco después de su predicción ordenó destinar siete mil millones de dólares en prevención de la enfermedad, asignando mil doscientos millones de dólares a la adquisición de veinte millones de dosis de la vacuna de la gripe A.
Pongamos ahora las fechas que antes les comentaba en consonancia con otras nuevas fechas que, casualmente, guardan cierta coincidencia. Desde luego que fruto del azar, que ya saben mis queridos reincidentes que un servidor no es para nada mal pensado.

- Año 1996. La compañía biofarmacéutica Giled patenta el medicamento Tamiflu como medicamento contra varios tipos de gripe. Por aquellos entonces no existía ni la gripe aviar, ni la porcina, ni las venideras.
- Año 1997. Donald Rumsfeld (les suena el nombre, ¿a que sí?) miembro del consejo de administración de Giled, es nombrado presidente del mismo.
- Año 1997. Giled llega a un acuerdo con los laboratorios suizos (Suiza, ese país desde donde la OMS emitió la alerta de los catorce millones y medio de muertes) ROCHE para producir y distribuir el Tamiflu hasta el año 2016, a cambio del 10% de comisión sobre el total de las ventas.

Ya estamos en el año 2001 y Donald Rumsfeld deja su cargo en Giled. Y no es que le fueran mal las cosas en la compañía, no… es que George Bush –que había gastado una millonada en Giled- ficha a Mr. Rumsfeld como secretario de defensa. ¿A qué huele? Mejor eliminen el acento del pronombre de relativo y lo transforman en conjunción: ¿A que huele?

¿Saben mis queridos reincidentes cuántos muertos de aquellos dos millones vaticinados por Bush se produjeron en USA a causa de la gripe A? Según la OMS cero. A eso se le llama efectividad en los cálculos. Eso sí. Giled, ROCHE y Rumsfield hicieron el agosto.

¿Saben mis queridos reincidentes cuántos muertos de aquellos casi siete millones y medio de muertos que preveía la OMS se acabaron contando? Según la OMS, entre el año 2003 y el 2009, han fallecido a causa de la gripe aviar doscientas setenta y dos personas. O lo que es lo mismo, treinta y nueve habitantes por año a causa de la grandísima pandemia que iba a asolar la faz de la tierra.

¿Son muchas treinta y nueve muertes al año? Bueno… depende.

La gripe común, la que todos hemos pasado alguna vez, mata anualmente a medio millón de personas en el mundo. Pero no mata a cualquiera que agarre la gripe, eso ya lo saben mis queridos reincidentes. Sólo mata aquellas personas con ciertas patologías preexistentes. Mmmm… de qué me suena a mí esto…

Pero todo aquello ya pasó de moda, porque ahora lo que se lleva es la gripe A por que la OMS ya ha advertido que a fecha 30 de junio del corriente, el virus de la gripe A se ha llevado por delante a 382 personas. ¿Muchas? Bueno… de nuevo depende.

Cada año fallecen en el mundo, además del medio millón a causa de la gripe común:

- Dos millones de personas a causa de la malaria, muchas de esas muertes podrían evitarse utilizando simples mosquiteras.
- Dos millones de niños a causa de la diarrea, muchas de esas muertes podrían evitarse, según recoge el documental, utilizando un suero oral que cuesta menos de veinte céntimos el frasco.
- Diez millones de personas mueren anualmente a causa de enfermedades curables, como la neumonía, o el sarampión.

Y ahora, la pregunta del millón. ¿Cuántas de estos catorce millones de muertes anuales son portadas de los diarios?

Si tenemos en cuenta que el Tamiflu de Rumsfield y ROCHE es -casualmente, desde luego- uno de los dos medicamentos recomendados por la OMS y con los antecedentes que antes describíamos sobre la gripe aviar, el informe llega a la conclusión siguiente:

¿Qué mejor manera de comercializar un producto que generando la necesidad de ese mismo producto?

Poco le importa a ROCHE que la necesidad sea provocada causando la histeria colectiva, y menos aún cuando el valor de sus acciones se triplicó en sólo tres días, coincidiendo –también casualmente- con la recomendación de la OMS sobre el Tamiflu, de la misma manera le importa a GILED -o sea un pito- que obtiene un diez por ciento de todo el Tamiflu que vende ROCHE.

Lo único que no ofrece dudas en todo este embrollo es que hay por ahí unos cuantos que se forraron con la gripe aviar y que se está haciendo de otro con la gripe A.

Y en eso consiste el documental “Operación Pandemia”. ¿Da o no da que pensar?

A estas alturas, uno ya sospecha hasta del nombre: gripe A. A ver si han empezado por la A con la intención de repetir sucesivas gripes hasta llegar a la Z...

Evidentemente el virus existe, y es conveniente observar ciertas medidas higiénicas para intentar no contagiarse, de la misma manera que debemos hacerlo para evitar la gripe común. Que es conveniente utilizar pañuelos desechables para sonarse, que es mejor estornudar sobre la manga que sobre la mano, que es recomendable lavarse las manos con frecuencia, que se debe acudir a urgencias si la fiebre supera los 39 grados… En fin, todas esas medidas que debiéramos observar siempre por pura higiene.

Así que, mis queridos reincidentes, cuídense y mantengan las más elementales precauciones que les impidan agarrar la gripe común y probablemente evitarán del mismo modo contagiarse de un montón de otras enfermedades que se transmiten por vía aérea como lo es la gripe A, aunque estadísticamente, y según desvela el National Safety Council americano, tiene usted más posibilidades de ser alcanzado por un rayo que de contagiarse de la susodicha gripe A, por lo que quizás no sea necesario instalarse en un bunker todo el invierno, ni envasarse al vacío hasta que pase todo, ni retirarle el saludo a los conocidos, no sea que se empeñen en chocarnos la mano o en darnos los dos besitos de rigor.

Ahora que, una cosa es no obsesionarse y la otra es pasarse las más elementales medidas de higiene por el forro, como está haciendo cierto ayuntamiento de cierta capital andaluza, que pese a ser la más occidental de todas ellas -con todas las connotaciones que el vocablo occidental sugiere- ha sustituido el sistema de timbrar a la entrada y la salida con la tarjetita de toda la vida, por el más moderno de plantar la mano en una pantallita que lee el contorno de la misma e identifica al propietario de la mano, a la vez que recoge sus virus y bacterias para transmitírselos al funcionario que venga detrás.

Si ese ayuntamiento no ha registrado nunca el caso de que uno de sus funcionarios haya sido fulminado por un rayo, probablemente tampoco ninguno de ellos agarre la gripe A este invierno, bastante más probable –ocurre cada invierno en un montón de ocasiones- varios de ellos agarrarán la gripe común y dejarán sus virus en la pantallita lectora de manos para que sus compañeros los recojan.

Lo mismo algún político onubense se ha inflado a comprar acciones de Frenadol…

miércoles, 26 de agosto de 2009

Marcha atrás

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en agosto de 2009
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Siento decepcionar a aquéllos de mis queridos reincidentes que, viendo el título de esta columna, hayan creído que mi artículo de esta semana tiene que ver con cierto método contraceptivo considerado natural -y por tanto permitido por la Iglesia- que me van a permitir que no les describa, pues su nombre lo define sobradamente. No va a ir el tema bien bien por ahí. Si son tan amables de seguir leyendo, les cuento.

Y lo hago transcribiendo literalmente un párrafo del nuevo libro de mi amiga Nieves Concostrina, Menudas historias de la Historia (Ed. La Esfera de los libros - 2009), que me viene de perlas para dar comienzo a este artículo y para ofrecerles una muestra de este divertido libro, que a buen seguro les desvelará pasajes curiosísimos -y a menudo desconocidos- de la Historia, siempre escritos con el habitual ingenio y ese fino sentido del humor al que nos tiene acostumbrados Nieves en sus libros y en sus programas de radio.

El 31 de octubre del año 1517 un monje muy cabreado agarró un martillo, cuatro clavos y se fue a la iglesia de Witenberg, en Alemania. Sacó un papel con noventa y cinco cláusulas escritas, lo dejó clavado en la puerta y se volvió a su convento agustino con el martillo, pero más desahogado. El monje se llamaba Martín Lutero y ese día, con aquel monumental enfado, nació la Reforma protestante.

Si conocen la historia, o si siguen leyendo ese capítulo del libro de la Concostrina, recordaran que una de las muchas diferencias –que no la principal- entre Lutero y el Vaticano era que el monje entendía que la Biblia debía predicarse en la “lengua vulgar” de cada comunidad y no en latín, lengua que en el siglo XVI ya no era conocida por casi nadie.

Lutero fue declarado hereje, fue excomulgado -no en vano hizo perder a la Iglesia de Roma la mitad de sus clientes- y quisieron contrarrestar la reforma iniciada por Lutero con -muy originales ellos- una contrarreforma, culminada –grosso modo- con el Concilio de Trento.

En aquel concilio, que duró entre pitos y flautas 18 años, se acordaron, entre otras muchas disposiciones, la necesidad de establecer una lista de lecturas prohibidas a todos los cristianos; se oficializó la existencia -aunque funcionaba de facto desde el siglo XIII- de El Santo Oficio o Inquisición, estableciendo que se podía freír a la barbacoa a cualquiera que fuera considerado hereje; se reafirmó la excelencia del celibato (al menos de cara a la galería, que el papa que convocó el concilio tenía cuatro hijos) y, además, se insistió en que la misa sólo podía ser celebrada en latín, instaurándose la llamada “Misa Tridentina”, o, lo que es lo mismo, celebrar las misas en latín y con el oficiante dando la espalda al público. Si alguno no la entendía siempre podría inscribirse en un curso de latín del CEAC de entonces, o matricularse en Lenguas Clásicas en la UNED de la época.

Pero si hay algo que tiene la Iglesia, es capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, incluso rectificando cuando se da cuenta que ha metido la pata. Así, trescientos y pico años después de procesarlo y obligarlo a abjurar de sus tesis, la Iglesia rehabilitó a Galileo, quien había sido condenado y humillado en 1633 por atreverse a afirmar que el centro del universo no era la Tierra sino el Sol. De tal guisa, y de nuevo en el consabido afán eclesiástico de acercarse siempre a la realidad social del momento, hace escasamente medio siglo, el concilio Vaticano II, en tiempos de Juan XXIII, estableció que cada comunidad podía celebrar las misas en el idioma que le fuera propio, entendiendo que sería mucho más útil a los feligreses comprender lo que les dijese su párroco sin que tuvieran éstos –los feligreses, no los clérigos- la necesidad de aprender latín. Tardaron casi cuatro siglos en deducir esto, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

Y, mira por dónde, llega ahora la Congregación del Culto Divino –ministerio vaticano al mando del cardenal español Antonio Cañizares- que propone retomar las condiciones eucarísticas establecidas en el Concilio de Trento y obligar a los sacerdotes católicos a recuperar la Misas Tridentinas. Dicho en plata, las misas de nuevo en latín y de nuevo el oficiante de espaldas a sus feligreses.

La noticia ha visto la luz de la mano del periódico italiano Il Giornale, al haber obtenido uno de sus redactores una copia del documento presentado ante las más altas instancias vaticanas planteando tal propuesta.

Según cuentan en el Il Giornale, esta iniciativa cuenta con el aval mayoritario de los miembros de la congregación, y la voluntad de la propuesta reside –según ellos- en la necesidad de controlar “los abusos, experimentos salvajes e inoportuna creatividad de eventuales celebrantes”.

Un servidor, que confiesa que últimamente sólo pisa las iglesias en los entierros y en alguna que otra celebración de compromiso, intenta imaginar qué experimentos salvajes y qué abusos se vienen llevando a cabo en las parroquias y, la verdad, no es capaz de imaginar en qué consiste el desmadre y el despiporre percibido por Cañizares y su gente, y que ha de ser tan grave como para que les lleve a suplicar nuevamente la Misa Tridentina.

El interrogante ahora es saber si Benedicto XVI impulsará esa medida o la guardará en el cajón donde acumula las cartas de los feligreses que le piden bobadas, cosa que debiera suceder si en la Santa Sede reinara el sentido común, aunque, si un servidor tuviese mano en CEAC, tardaba nada y menos en ofrecer el curso “Latín para feligreses”.

Quien les escribe, por si acaso, se pone ahora mismo a rebuscar en su librería a ver si todavía conserva aquel diccionario de latín al que tanto recurrió en sus tiempos de estudiante, y seguidamente también recuperará del desván los apuntes y libros de aquellos tiempos. Que para una vez que va a la iglesia, quiere saber qué le están contando.

martes, 18 de agosto de 2009

Otra de vacaciones. (Hogar dulce hogar segunda parte)

Artículo publicado por Vistazo a la Prensa en agosto de 2009




La columna de esta semana va a ser un ruego a aquéllos de mis queridos reincidentes que dominen el arte de encontrar vuelos, hoteles, viajes, escapadas, etc… a bajo precio. Porque un servidor no halla la manera. Es como si existiese una conspiración insana en la que jueces, fiscales, policías… perdón, que se me iba el santo al PP; una conspiración, les decía, en la que agencias de viajes, Internet, la publicidad en prensa y mi propio ordenador se conchabaran para que quien les escribe pague más –rectifico, mucho más- que el resto del mundo mundial a la hora de organizar sus salidas.

Recordarán mis queridos reincidentes cómo el pasado invierno –edición 365 de esta misma publicación- y atraído por una publicidad de una agencia de viajes vinculada a un tal Curro, un servidor intentó contratar lo que ellos publicitaban como una oferta 2 x 1, correspondiente a un combinado Nueva York - Riviera Maya, al precio de mil cincuenta euros todo incluido, y cómo esa cantidad se transformaba en tres mil y pico euros a la hora de la verdad. Con aquella experiencia, uno acude a una agencia de la competencia que promete descuentos por reserva anticipada, y consigue un descuento en el precio –o quizás debiera decir presunto descuento- de, nada más y nada menos, un 15 % sobre el precio del viaje. Corría el mes de abril y un servidor de ustedes ya tenía reservadas sus vacaciones estivales con un descuentazo de la leche. A ver si así…

A medida que se acerca el verano, este columnista empieza a encontrar publicidad que anuncia ese mismo destino, pero bastante más barato, incluso después de haber gozado del “pedazo” de descuento. Conocedor de las tretas publicitarias de las agencias, un servidor no quiere dar crédito a la publicidad, imaginando que no es más que el gancho con el que las agencias captan al incauto que, una vez en sus redes, pasa por el aro y contrata un viaje al que en esa publicidad no había incluido el avión, el hotel y las mil y una tasas.

Llegado este punto, puedo garantizarles que si al pasar la página de un periódico aparecía un anuncio de viajes al Caribe, quien les escribe cerraba los ojos y pasaba la página a tientas, no fuera a ser que, efectivamente, apareciera el viaje contratado a un precio sensiblemente inferior. Si bien la táctica de cerrar los ojos es efectiva, no funciona cuando los amiguetes te cuentan que si Menganito ha conseguido nueve días en el Caribe por ochocientos euros por persona –un servidor pagó casi el doble, pese al descuento- o que Fulanito se va una semana a la Riviera Maya por menos de seiscientos.

- ¿Ochocientos al Caribe? Anda ya. Imposible, yo pagué casi el doble. Será en un cuchitril de hotel y los llevarán en una avioneta haciendo escala en Bagdad.

- ¿Riviera Maya por quinientos y pico? A ésos los alojan fijo en el pabellón de infecciosos del Hospital de Cancún y rodeados de contagiados de la gripe A.

Ésas y otras respuestas similares se daba un servidor cuando escuchaba las ofertazas, con el convencimiento de que era imposible rebajar tanto dinero a una oferta ya rebajada por reserva anticipada y pronto pago. Y así seguía cerrando los ojos y los oídos ante las promociones, en parte por experiencia y en parte por la voluntad de no sentirse timado de nuevo.

En el vuelo de ida, mientras el friki de la consola al que me refería la semana anterior mataba sus chinos, me distraía leyendo El Mundo –cortesía de la tripulación- cuando cierro los ojos al ver una publicidad de viajes al Caribe, pero la señora que llevo al lado (que casualmente es la mía) va y me dice.

- ¡¡Mira!! Es nuestro hotel, y a mitad de precio.

No me queda más remedio que mirar y compruebo que, efectivamente, anuncian un viaje a mi mismo hotel, en mis mismas fechas y con el anexo de “Incluye vuelo, traslados aeropuerto hotel – hotel aeropuerto y hotel en régimen de todo incluido.

- Seguro que tiene truco. O bien no incluye tasas, o bien el todo incluido no contemplará la pulserita ésa que sirve para cebarse y emborracharse gratis, y seguro que las habitaciones serán diferentes.

La duda se despeja el cuarto día, al entablar conversación con una pareja de Barcelona.

- Pues mira, nosotros no sabíamos adónde ir, y la semana pasada vi en el periódico una oferta del Caribe a 800 euros y mira… aquí estamos. Supongo que con la crisis no vendían todas las plazas.

Obviamente, mismo hotel, misma pulserita, igual habitación, igual todo excepto el precio.

Desechada la opción de cortarme las venas -optando lógicamente por dejármelas largas- me consuelo pensando que, de vuelta a casa, aprovecharé alguna de estas maravillosas ofertas de vuelo para un viaje de setecientos y pico kilómetros que teníamos previsto hacer en coche este pasado fin de semana.

Agarro Internet y le pregunto a mi amigo Google por “vuelos low cost”, introduzco fecha de salida:

- ¡¡¡8 euros!!!!! ¡¡¡Un vuelo a 8 euros!!!! ¡¡¡Era cierto!!!!

Congrego a toda la familia frente al PC y les muestro el éxito.

- Ése es el vuelo de ida -la aguafiestas de turno- sólo falta que encuentres vuelo de vuelta a buen precio.

El día de la vuelta 243 euros por persona, el día siguiente 255, el siguiente 277, el de más allá 212.

Tecleo vuelos baratos, ofertas vuelos, vuelos último minuto y todas las combinaciones que se me ocurren. Me releva la familia y se pasan una mañana buscando como locos vuelos baratos. Resultado: donde se encuentra vuelo barato a la ida, no se encuentra a la vuelta, o viceversa.

Así que se decide ir en coche. Amanece el día soleado, buen tiempo. Será buena señal. La buena señal se convierte en 39 grados a la sombra y una humedad insoportable. La visita, que consistía principalmente en contemplar piedras medievales, se transforma en un auténtico suplicio. Calor insoportable en el desayuno, calor insoportable en la visita a tal castillo, calor insoportable en la comida, calor insoportable en la visita a tal catedral, calor insoportable en la cena, calor insoportable en la noche -aquí no hay quien duerma- calor insoportable en el desayuno, visita, comida y visita del día siguiente. Mala época para viajar. Previsiones meteorológicas de aumento de las temperaturas. Se adelanta por unanimidad la vuelta para casa. De hecho, en el coche es en el único sitio donde no se pasa calor.

Iniciado el viaje de vuelta, uno recuerda aquellos viajes de antaño, en aquellos utilitarios que no disponían de climatización, por aquellas carreteras que pasaban por el medio de todos los pueblos, y se alegra uno de las ventajas del progreso hasta que, nada más entrar en la autopista…


Imágenes que valen casi como mil y pico palabras cada una:








Caravana autopistera -totalmente parados- a 37 grados centígrados durante
tres horas y media a causa de un accidente, gracias a Dios sin víctimas.







Pese a ello, la familia lo celebra con el humor intacto.

Y así, llega uno a su casa, a las tantas de la madrugada, sudado, medio deshidratado y diciéndose, una vez más, lo de hogar, dulce hogar.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Hogar, dulce hogar: desventuras de un turista resignado.

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en agosto de 2009


Se equivocan aquellos de mis queridos reincidentes que, al leer el título de esta columna, se hayan imaginado que la ausencia de un servidor en estas páginas –que se ha prolongado por más de dos meses- venga motivada por unas larguísimas vacaciones. De esas ocho semanas de ausencia, siete han correspondido a una curiosa – a la vez que intensa- experiencia laboral que quizás algún día les cuente. Sólo la octava ha venido motivada por unos días de asueto con los que, precisamente para reponerse de esa agotadora experiencia, quien les escribe programó en un paraíso caribeño, sustituyendo su habitual espíritu viajero por un más reposado rol de turista, disponiéndose a invertir una semana de sus vacaciones en actividades tan poco estresantes como hincharse a cócteles bajo un cocotero, meterse en remojo en la playita fotografiando peces de los colores del parchís y leerse de una tacada la última –irremediablemente última- entrega de Stieg Larsson y su heroica y excéntrica Lisbeth Salander.


Día 1.

Si hay algo peor que un vuelo de diez horas en clase turista, es un vuelo de diez horas en clase turista con un niño al lado, un niño de treinta años, que se pasó las diez horas jugando con su PSP a matar chinos, chinos que emitían un peculiar gemido gutural –entre lo orgásmico y lo satánico- cada vez que el niño los insertaba con su katana, katana que, de haber estado en posesión de quién les escribe, hubiese resultado irremediablemente manchada de la sangre de aquel espécimen.

- Oye… ¿no tienes auriculares para ese chisme?
- No. (sin levantar la vista de la pantalla)
- Y… ¿no le puedes bajar un poco de volumen? Es que así no hay quien lea.
- Vale.

Y le baja el niño una milésima de decibelio y prosigue su matanza mientras que un servidor ruega al cielo para que en la próxima turbulencia se le derrame el café sobre el aparato, le ahogue a los chinos gritones y le fastidie el entretenimiento.

Con los dedos cruzados para que el niño vaya a otro hotel –pues no quiere imaginarse al niño y a su PSP en la tumbona de al lado en la piscina- llega uno al Caribe y comprueba que la humedad es tal que, pese a no sobrepasar los treinta grados la temperatura ambiente, suda uno como un minero en agosto. Largo paseo desde el avión a una choza con el ocurrente cartel de “Terminal Internacional”.

En la aduana, una aduanera negrita y guapísima:

- Son diez dólares o diez euros, como prefiera.
- ¿Diez dólares o diez euros para qué?
- Impuesto de entrada.
- ¡Joder!
- No se me estrese mi amol, y no se me queje, que a la salida son veinte dólares o veinte euros.
- ¡Joder, joder!


Un maletero me arrebata literalmente las maletas y sale corriendo hacia el bus. Llega el bus al complejo hotelero y otro maletero me vuelve a arrebatar literalmente las maletas y sale corriendo hacia la habitación.

Diez dólares en propinas después, compruebo que la suite es espectacular y me tiro de cabeza al jacuzzi sin apreciar un ligero detalle. Ausencia de toallas. Teléfono a recepción. Contestador automático:

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.

Cinco minutos después.

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.

Cinco minutos después.

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.

Cinco minutos después.

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.


Andando hasta la recepción, justo al otro lado del complejo –y esto es quince minutos caminando bajo una humedad que debe rondar el 200 %- me cruzo con el de la PSP que sigue matando chinos. No sucumbo a mi impulso de empujarlo a la piscina con consola y todo. De este detalle me arrepentiré en el futuro.


- Verá, que llevo como 12 horas de viaje y no tengo toallas en la habitación. No le digo que me gustaría ducharme porque ya lo he hecho, pero sí me gustaría poderme secar con una toalla y no con una camiseta sudada.
- En sinco minutos le llegan las toallas, mi amol.

Y aquí uno comprueba que cinco minutos caribeños corresponden a cincuenta europeos. Dos dólares de propina al mozo que trae las toallas y que para la mano descaradamente.

Duchado de nuevo –la humedad es insufrible- me propongo a ver qué canales de televisión pilla ese pedazo de televisor de plasma. El mando a distancia no funciona. Nueva llamada a la recepción.

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.

Cinco minutos después.

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.




Día 2.

Justo antes de cumplir el encargo de una amiga que me pedía unas fotos de cierto sepulcro de cierto navegante legendario que viajó de muerto más que de vivo, compruebo que las baterías de mi cámara fotográfica sucumben al calor y a la humedad. Las pilas de recambio se quedaron con Murphy y su implacable ley en el hotel. Siguiendo las indicaciones de un lugareño, me desplazo hasta el lugar donde se encuentran varios vendedores ambulantes.

- ¿Cinco dólares por dos pilas normales y corrientes?
- Usted quiere pilas y yo tengo pilas. Si no, puede ir a comprarlas a una tienda en la siudá –señalando lontananza con el dedo.

La cámara no funciona con las pilas “nuevas”, significándoles que me hubiese ahorrado esas comillas –y cinco dólares- si hubiese detectado el olor a pegamento que desprendía el paquete que las contenía. Gracias a otro turista solidario, que me regala dos pilas, puedo cumplir el encargo y fotografiar mausoleo y sepulcro. Vuelvo sobre mis pasos y el vendedor de pilas ha desaparecido con mis cinco dólares y el bote de pegamento. Otro lugareño –o quizás el mismo de antes- me señala una papelera cuando le pregunto dónde puedo tirar las pilas “nuevas”. Pilas a la mochila, ya las reciclaré en casa.



Día 3.

Maldito jet lag. Las tres de la mañana y ya despierto. A ver qué cuentan los periódicos de España. Conecto el portátil y la conexión wifi no funciona.

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.

Agarro el portátil y me voy a recepción. Allí hay algo de cobertura wifi, pero no la suficiente como para conseguir abrir las páginas. Juego al solitario hasta la hora del desayuno.

Todas las tumbonas de la playa que se hayan a la sombra de parasoles o de palmeras se encuentran ocupadas por toallas, que no por personas. Lo mismo las de la piscina. Por lo visto, el cartel que en castellano, inglés y francés recuerda la prohibición de reservar tumbonas tiene poco éxito. Imposible permanecer más de dos minutos fuera del agua. Salgo disparado hacia la habitación cuando veo aproximarse al zombie de la PSP que mata chinos mientras camina.

Paso de nuevo por recepción.

- Verá, que el mando a distancia de la tele no funciona.
- En sinco minutos, mi amol, le llevan uno.


Día 4.

Bendito Jet Lag. A las cuatro y media de la madrugada reservo las tumbonas con mejor sombra de todo el Caribe.

La conexión wifi sigue sin funcionar como Dios manda. Váyanse ustedes a saber por qué capricho cibernético el ordenador sólo conecta, vía web, con el correo electrónico del trabajo, no así con el resto de páginas del mundo mundial. ¿Qué habrá hecho el Barça? Aprovecho que estoy cerca de la recepción para recordarles lo de mi mando a distancia.

- En sinco minutos, mi amol, le llevan uno.

Un americano me promete que esas toallas son suyas, que cuando ellos legaron allí no había toalla alguna en las tumbonas. Se ve buen hombre y parece decir la verdad. Vuelta al expendedor de toallas.

- Si ha perdido las toallas tendrá que pagar 15 dólares por cada una.
- No las he perdido, me las han robado.
- Y para qué va a querer nadie dos toallas.
- Tiene usted razón. Seguro que están en la habitación.

Robo dos toallas de dos tumbonas desiertas y me las llevo a la habitación, ya no queda ni una tumbona a la sombra en todo el Caribe. Siesta monumental –así no voy arreglar jamás el jet lag- cena en un japonés y cóctel en una terracita hasta que aparece el friki de la PSP que sigue a lo suyo y se sienta en la mesa de al lado. Con lo grande que es el complejo…


Día 5.

Todavía sin mando a distancia.

- El destinatario de su llamada no puede atenderle. Inténtelo de nuevo más tarde.

- En sinco minutos, mi amol, le llevan uno.

Sin conexión wifi y sin sombra en la playa pero da igual. Tengo programada una excursión para nadar con delfines.

- No pueden ustedes llevar cámaras fotográficas, podrían lesionar la piel de los delfines que es muy sensible, pero nuestros fotógrafos tomarán para ustedes las fotografías y se las entregarán en un DVD.

Me entregan el DVD (a cambio de 30 dólares). Inolvidable la experiencia de nadar con delfines. Ligo con una delfina simpatiquísima que se llama Mari que me besa repetidamente en la mejilla y me ofrece su aleta como quién choca la mano. Acabamos bailando una bachata en el mar del Caribe. A las once de la noche –estaba un servidor en el primer sueño- llaman a la puerta de la habitación.

- Su mando a distancia, señor.

(Obviamente sin propina)

En cinco minutos otra vez dormido.


Día 6

Bendito Jet Lag, a las cuatro y media de la mañana acabo la novela de Larsson. Mejor que la segunda. Lástima que la Salander y el Blomqvist mueran a manos de la Säpo. Que no, es una broma, lean tranquilos. Lo de desvelar el final de una novela sólo se lo haría al cabrito de la PSP, pero jamás a ninguno de mis queridos reincidentes.

Hoy he pagado 240 (120 por barba) dólares por conducir una lancha hasta los arrecifes de coral y bucear entre tiburones de los que sólo comen plancton. Nos recogen en un antiguo autobús escolar estadounidense reciclado en güagüa y sin cristales en las ventanas. Me toca sentarme justo donde van a parar todos los gases del escape. El polvo de los caminos sin asfaltar entra por las ventanas y acaban proporcionando a mi camiseta un aspecto realmente fashion. Por suerte no viene en el bus el tío de la PSP.

Soy el segundo de una fila de 20 lanchas. Delante el guía. Las instrucciones son claras: no se puede adelantar bajo ningún concepto. El guía va a paso de tortuga y me temo que nos van a adelantar una pareja que va remando en un kayak que no debe estar sujeto a las leyes de navegación marítima de la empresa de las lanchas. No llevo la cámara y ésta vez si permiten el uso. Me castigo no comprándoles el DVD de 30 dólares.


Día 7

¡Aleluya! Tumbonas con sombra. Quien la sigue la persigue. Mi suerte está cambiando porque además funciona el wifi: me entero que los bolsos regalados a Rita Barberá cuestan entre 400 y 600 euros cada uno, que ha muerto Jarque y que el PP se queja de que hayan esposado a unos ladrones. Ni rastro del niño de la PSP. Fantaseo con que se haya ahogado (la PSP, por supuesto) en el mar Caribe o que una caribeña le haya enseñado (al niño) que existen otros placeres en la vida mejores que matar ciber-chinos y tire la PSP a la basura. El avión sale a las siete de la tarde pero nos recogen en el hotel –que está a quince minutos del aeropuerto- a las tres de la tarde. Tomo mi último Coco-Loco (ron, crema de coco, leche y canela) –riquísimo- y, por primera vez en toda la semana, el autobús llega con puntualidad europea. A las tres y veinte en el aeropuerto.

- Son veinte dólares o veinte euros.

Pago religiosamente el impuesto de salida y me dedico a facturar las maletas.


- Tienen ustedes exceso de equipaje, señor. Debe pagar 90 dólares o 90 euros.
- Pero si llevo lo mismo que traje excepto dos litros de ron.
- Son 90 dólares o 90 euros, señor.

Le pido un recibo y me extiende uno en el que sólo consigna los kilos de exceso, pero no la cantidad de dinero que me cobra. Le exijo que lo haga constar y lo hace, no sin antes desplazar suavemente el papel de autocalco del recibo, de manera que en su copia no consta que me acaban de soplar quince mil pelas (ya no me quedaban dólares) por un presunto exceso de equipaje. Una de dos, o el ron caribeño pesa cinco kilos y medio por litro, o me han timado como a un chino de los que asesina el de la PSP que, dicho sea de paso, se encuentra facturando justo detrás de mí.

Los astros me sonríen y me toca asiento junto a la ventana, en una fila de sólo dos butacas. El de la PSP no podrá estar a mi lado. Tras el despegue oigo chillar a un chino asesinado y, mi gozo en un pozo, el de la PSP está sentado justo detrás de mí. Sopeso la posibilidad de regalarle los auriculares de mi Ipod cuando el azar vuelve a sonreírme. El de la PSP se va al baño junto con su colega y deja la consola sobre el asiento. Saco de la mochila mis pilas “nuevas” y le doy el cambiazo.

Oigo juramentar en arameo al de la PSP que se queja a su colega que las pilas que ha comprado en el aeropuerto son una birria que no le han durado ni veinte minutos. Por suerte el colega tampoco tiene baterías de recambio. Sólo quedan diez horitas para llegar a casa y repetir lo de cada año tras las vacaciones. Hogar, dulce hogar.

jueves, 25 de junio de 2009

Por motivos profesionales, este blog permanecerá inactivo hasta el 20 de agosto. Ruego a mis queridos reincidentes sepan disculpar la ausencia.

viernes, 5 de junio de 2009

Campaña-basura. O anda y que os vote vuestra tía.

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en junio de 2009
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Un servidor ha votado en todas y cada una de las elecciones desde que cumplió los 18 -quién los pillara- añitos, ya fueran éstas municipales, autonómicas, generales o europeas y, hasta la fecha, jamás se le había pasado por la cabeza faltar a su cita con la democracia, entendiendo que detrás del sencillo acto de depositar una papeleta en una urna de metacrilato – u otro polímero similar, que no dispone quien les escribe del dato preciso- reside, en realidad, la esencia de la democracia.

Pero les confieso que ante estos comicios, y mediando aún 24 horas más de campaña electoral –una hora más para los pobres canarios, que no siempre iban a salir beneficiados de su diferencia horaria- la verdad es que uno está hasta el gorro, con ganas de que acabe de una puñetera vez esta asquerosa campaña y con más ganas aún de decirles a todos que cansa y aburre su manera soez y ordinaria de solicitar nuestro voto.

Cada vez más, las leyes europeas afectan los intereses de los ciudadanos de este continente, el destino de importantes fondos de cooperación se deciden en el seno de la Unión europea. Podríamos llenar unos cuantos folios enumerando por qué son importantes estas elecciones y cuánto nos jugamos, dependiendo de la composición del nuevo arco parlamentario supranacional y, sin embargo ¿en qué han vertebrado nuestros políticos su campaña?


- Zapatero fue a un mitin de partido empleando un avión oficial, y el PP lo critica.
- Aznar, en su día, utilizó otro avión oficial (o el mismo) para acudir a un mitin del Partido Popular Europeo en Bruselas, y el PSOE lo critica.

- Blanco cuestiona que la seguridad de Aznar movilice a 50 agentes y el PP considera una deslealtad revelar esos datos.
- El PP, previamente, había cuestionado, junto a sus socios de gobierno de Coalición Canaria, el coste del personal de seguridad -11 agentes- al servicio de López Aguilar. El PSOE alega que “pos anda que tú…”

- Aznar declaraba ayer que el aborto nunca puede ser un derecho.
- Podría haber aprovechado Mr. Ánsar sus ocho años de legislatura para hacer algo al respecto. (Eso no lo dice nadie del PSOE, es cosecha propia)

- Desde el PP se piden responsabilidades por las ayudas recibidas por la hija de Chaves y desde el PSOE recuerdan los trajes de Camps y las numerosas imputaciones de Fabra.
- Desde el PSOE se piden responsabilidades políticas a Camps y a Fabra, desde el PP recuerdan, nuevamente, a la hija de Chaves e incluso a los GAL.


Algún despistado podría añadir que, visto lo visto, quizás fuera bueno decantarse por cualquiera de las otras opciones que concurren a las elecciones. Y no estaría mal, a no ser porque ésas, cómo no, se han dedicado a darles leña al PP, al PSOE al unísono, así como al resto de formaciones. No se salva ni el gato, y mira que tiene siete vidas…

Y si podríamos llenar unos cuantos folios disertando sobre la importancia de las elecciones europeas, podríamos contar por tomos los que necesitaríamos para agrupar los improperios, acusaciones y reproches que se han lanzado los unos a los otros y los otros a los unos.

Resulta evidente que las campañas para unas elecciones no las diseñan al tuntún ni a salto de mata, sino que son desarrolladas por auténticos expertos de solvencia contrastada que las organizan pensando en qué es lo que atrae a los votantes y a qué impulsos responden éstos para ser motivados a votar a una u otra formación.

Miedo me da porque, visto lo visto, parece obvio que cuando el discurso de unos y otros se fundamenta antes en el tú más y en el contigo peor que en la justificación de la necesidad de su propio programa y dando por hecho, insisto, que todas las campañas están diseñadas concienzudamente, va a resultar que a los votantes nos transpira el níspero -o la níspera- esto de Europa, que lo que en verdad nos motiva y nos pone es el despelleje mutuo y el aireo de las vergüenzas ajenas, sean éstas verdaderas o falsas. Igualito que en Dónde estás Corazón

¿Les sorprende? Pues no debiera. No es casual la analogía televisiva que les acabo de plantear, que no hay más que ver las audiencias de la telebasura. ¿No es acaso esta campaña pura telebasura? Campaña-basura, para ser más exactos.

Probablemente el próximo domingo, preso de un ataque de responsabilidad, acuda a las urnas a votar, por mucho que no se lo merezcan, y, sinceramente, pensando más en que no vayan a salir los unos que deseando que salgan los otros, pero de alguna manera debiéramos exigirles a nuestros representantes otra forma de hacer campaña y otra forma de hacer política. En momentos así entiende un servidor que los italianos votaran en su día a la Cicciolina. Votarle a una Cicciolina -o a un Cicciolino, que tanto monta- es de una lógica tal que así: No tendrán ni puñetera idea de política, pero seguro que nos alegran la vista y nos entretienen más que esos restos de serie caducados que los partidos envían a Europa.

Claro que si damos por cierto que cada uno tiene lo que se merece, será que nos merecemos a estos políticos y nos merecemos este tipo de campañas. En cualquier caso, no sé el domingo, pero ahora mismo, después de verlos hace unos minutos en la tele, a los unos y a los otros, comportándose como auténticos maleducados a los que se les han fugado los estudios del cerebro, lo que me pide el cuerpo es largarles un airado “Anda y que os vote vuestra tía, so mamones”.