Me sorprende que el siempre servicial corrector que equipa el procesador de texto con el que, semana a semana, torturo a mis queridos reincidentes, desconozca la palabra catalanofobia, y que me la subraye en rojo como cuando a uno le baila una letra y escribe una uve donde debiera ir una ce, y le aparece escrito venutrio en vez de cenutrio; porque si algo tienen los chismes éstos de las nuevas tecnologías, es que se actualizan periódicamente, versión tras versión, con el noble fin de que no les pille en tanga la nueva aparición de vocablos y expresiones.
No se crean que es el único error del corrector en cuestión, que también se empeña en sustituir Losantos por Lozanitos cada vez que un servidor ha querido poner como un trapo en sus artículos al cáustico radiopredicador, valgan estos dos botones de muestra entre los muchos gazapos inducidos por el puñetero programa; pero el hecho de que tras la actualización del 2007, y después de las movidas contra el Estatut, del tradicional boicoteo del cava de todas las Navidades, después de que hayamos roto España trescientos trillones de veces, y después del último manifiesto por el castellano cortesía de El Mundo, algún empleado de Bill Gates bien pudiera chivarle al corrector del Word que la catalanofobia sí existe.
No les voy a repetir por cuarta o quinta vez lo de la ausencia total de conflictos idiomáticos en esta parte de la península, que los únicos que tienen problemas con el idioma son cierto tipo de guiri, de los que visitan Lloret y que, tras dos litros y medio de sangría de garrafa, no los entiende ni su puñetero padre; y que salvo excepciones puntuales –como las hay en toda regla- cualquiera puede hacer su vida con total normalidad en Cataluña sin conocer en absoluto alguna de sus dos lenguas oficiales, y, si me apuran, diría que incluso más fácil lo tendría quien sólo hablase castellano respecto a quien sólo supiese expresarse en catalán, pero, en cualquier caso, la voluntad de esta columna no es otra que recoger unas cuantas muestras que un servidor, que ya empieza a estar un poco harto de que cada vez que traspone el Ebro le suelten lo de “ Oye, que tú, para ser catalán, eres muy enrrollao, ¿eh?”, se ha ido encontrando estos días en la prensa que debieran contribuir, junto a los boicoteos varios y demás despropósitos por el estilo, para que en las próximas versiones del paquete del Office, el vocablo que titula este artículo no aparezca subrayado.
Alucinante es cierto documento informativo de TeleEspe –también conocida como Telemadrid- en el que una reportera -quizás incluso periodista- se pasea por las tierras del principado filmando los rótulos de algunos comercios mientras se escandaliza la susodicha de hallar carteles que anuncian “pa” donde se vende pan, o “gelats” donde se venden helados, como si el intelecto no le diera para deducir lo obvio, cuando no pone pero alguno a la infinidad de comercios que sirven café anunciándose como “cofee bar”, o en los que se bailotea anunciándose como ”boite”, o se tomen copas bajo el epígrafe y el rótulo de “pub”, o se sirven pizzas bajo el rótulo de “ristorante”, o se den a la escenificación de devaneos eróticos denominándose “peep-show”, y tantos y tantos comercios que se publicitan en idiomas que no son propios de nuestra cultura.
Del manifiesto, casi prefiero no hablarles en esta columna por merecer la iniciativa artículo aparte, aunque corre el peligro de que si dejo pasar unas pocas semanas se hayan borrado la mitad de los que lo suscribieron, que raro es el día en el que algún incauto ilustre reconoce haber firmado sin leer y que, una vez leído, y –sobre todo- visto el panorama y la intención, prefiere retirar la firma antes de que se le retire la coherencia, por mucho que habrá quien, al igual que ocurrió durante la recogida de firmas contra el Estatut, aparezca espontáneamente ante las cámaras de la televisión preguntando lo de “¿Dónde hay que firmar contra Cataluña?
Luego están los que aprovechan que el Pisuerga no pasa por Sevilla para soltar su caricia a los que vivimos entre el Ebro y los Pirineos cada vez que tiene ocasión, como mi -no obstante- admirado -que escribe con mucho arte el tío- Antonio Burgos, al que semana sí y semana también retiraría de mi blog por lo mucho que se mete con los catalanes, pero allí sigue desde el primer día porque lo cortés no quita lo valiente, que esta semana se queda a gustito de veras cuando, al querer poner de vuelta y media a la nueva “mujer del tiempo” de TVE, y entre otras lindezas dudando de su competencia y señalando su incapacidad, suelta que “ viene de un sitio de donde ni usted ni yo procedemos, de la TV3 Catalana, más bien Montillana".
A ver, que yo me aclare… que ahora resulta que esto de ser catalán está tan bien visto en España que nos enchufan donde sea, aunque el catalán/a en cuestión no sepa ni hacer la i con una regla.
Y, entonces, si tan buena fama tenemos… ¿Por qué a un servidor le siguen soltando lo de “Oye, que tú, para ser catalán, eres muy enrrollao”? Algún día responderé con un “¿Y tú a cuántos catalanes conoces?
No se crean que es el único error del corrector en cuestión, que también se empeña en sustituir Losantos por Lozanitos cada vez que un servidor ha querido poner como un trapo en sus artículos al cáustico radiopredicador, valgan estos dos botones de muestra entre los muchos gazapos inducidos por el puñetero programa; pero el hecho de que tras la actualización del 2007, y después de las movidas contra el Estatut, del tradicional boicoteo del cava de todas las Navidades, después de que hayamos roto España trescientos trillones de veces, y después del último manifiesto por el castellano cortesía de El Mundo, algún empleado de Bill Gates bien pudiera chivarle al corrector del Word que la catalanofobia sí existe.
No les voy a repetir por cuarta o quinta vez lo de la ausencia total de conflictos idiomáticos en esta parte de la península, que los únicos que tienen problemas con el idioma son cierto tipo de guiri, de los que visitan Lloret y que, tras dos litros y medio de sangría de garrafa, no los entiende ni su puñetero padre; y que salvo excepciones puntuales –como las hay en toda regla- cualquiera puede hacer su vida con total normalidad en Cataluña sin conocer en absoluto alguna de sus dos lenguas oficiales, y, si me apuran, diría que incluso más fácil lo tendría quien sólo hablase castellano respecto a quien sólo supiese expresarse en catalán, pero, en cualquier caso, la voluntad de esta columna no es otra que recoger unas cuantas muestras que un servidor, que ya empieza a estar un poco harto de que cada vez que traspone el Ebro le suelten lo de “ Oye, que tú, para ser catalán, eres muy enrrollao, ¿eh?”, se ha ido encontrando estos días en la prensa que debieran contribuir, junto a los boicoteos varios y demás despropósitos por el estilo, para que en las próximas versiones del paquete del Office, el vocablo que titula este artículo no aparezca subrayado.
Alucinante es cierto documento informativo de TeleEspe –también conocida como Telemadrid- en el que una reportera -quizás incluso periodista- se pasea por las tierras del principado filmando los rótulos de algunos comercios mientras se escandaliza la susodicha de hallar carteles que anuncian “pa” donde se vende pan, o “gelats” donde se venden helados, como si el intelecto no le diera para deducir lo obvio, cuando no pone pero alguno a la infinidad de comercios que sirven café anunciándose como “cofee bar”, o en los que se bailotea anunciándose como ”boite”, o se tomen copas bajo el epígrafe y el rótulo de “pub”, o se sirven pizzas bajo el rótulo de “ristorante”, o se den a la escenificación de devaneos eróticos denominándose “peep-show”, y tantos y tantos comercios que se publicitan en idiomas que no son propios de nuestra cultura.
Del manifiesto, casi prefiero no hablarles en esta columna por merecer la iniciativa artículo aparte, aunque corre el peligro de que si dejo pasar unas pocas semanas se hayan borrado la mitad de los que lo suscribieron, que raro es el día en el que algún incauto ilustre reconoce haber firmado sin leer y que, una vez leído, y –sobre todo- visto el panorama y la intención, prefiere retirar la firma antes de que se le retire la coherencia, por mucho que habrá quien, al igual que ocurrió durante la recogida de firmas contra el Estatut, aparezca espontáneamente ante las cámaras de la televisión preguntando lo de “¿Dónde hay que firmar contra Cataluña?
Luego están los que aprovechan que el Pisuerga no pasa por Sevilla para soltar su caricia a los que vivimos entre el Ebro y los Pirineos cada vez que tiene ocasión, como mi -no obstante- admirado -que escribe con mucho arte el tío- Antonio Burgos, al que semana sí y semana también retiraría de mi blog por lo mucho que se mete con los catalanes, pero allí sigue desde el primer día porque lo cortés no quita lo valiente, que esta semana se queda a gustito de veras cuando, al querer poner de vuelta y media a la nueva “mujer del tiempo” de TVE, y entre otras lindezas dudando de su competencia y señalando su incapacidad, suelta que “ viene de un sitio de donde ni usted ni yo procedemos, de la TV3 Catalana, más bien Montillana".
A ver, que yo me aclare… que ahora resulta que esto de ser catalán está tan bien visto en España que nos enchufan donde sea, aunque el catalán/a en cuestión no sepa ni hacer la i con una regla.
Y, entonces, si tan buena fama tenemos… ¿Por qué a un servidor le siguen soltando lo de “Oye, que tú, para ser catalán, eres muy enrrollao”? Algún día responderé con un “¿Y tú a cuántos catalanes conoces?